¿Tecnofeudalismo o capitalismo extraterrestre? ¿Donde aterrizar?

Universidad de Puerto Rico, Recinto de Arecibo

En algunos análisis recientes en torno a los desafíos que nos lanza el mundo contemporáneo, se han estado señalando procesos involutivos cuyas referencias inmediatas apuntan a la Edad Media. Estas resonancias medievales se producen al unísono con una intensificación del elemento hi-tech en nuestras sociedades. Así, mientras algunos le toman la temperatura al capitalismo contemporáneo con el termómetro del tecno-feudalismo (ver entradas sobre los planteamientos de Cédric Durand https://observatoriomovil.com/2022/01/19/tecnofeudalismo/ y Yanis Varoufakis https://observatoriomovil.com/2022/02/09/mas-sobre-tecnofeudalismo-un-texto-de-yanis-varoufakis-y-dos-entrevistas/), otros fabrican un acetaminofén a base de ciencia ficción que deberá mostrarse efectivo sin importar la condición. En su artículo del New York Times, “Elon Musk’s Extraterrestrial Capitalism”, Jill Lepore aborda lo que ella entiende es un giro en la historia del capitalismo. Aquí, la ironía se invita para observar que la nueva y extravagante forma de capitalismo que representa el fundador de SpaceX encuentra su inspiración en novelas de ciencia ficción que tienen como blanco de ataque, precisamente, al capitalismo. “Muskism, it seems, involves misreading”, bromea la autora. El “capitalismo extraterrestre” se origina en el Silicon Valley de los 1990 cuando Musk abandona sus estudios doctorales en Stanford para comenzar su primera compañía, y luego, su segunda, X.com. Cuanto más se profundiza la brecha entre multimillonarios y el resto del mundo, tanto más se le sube el volúmen al discurso grandilocuente de las start-ups: transformar el futuro del trabajo, conectar a toda la humanidad, salvar el Planeta. “Muskism is a capitalism in which companies worry — very publicly, and quite feverishly — about all manner of world-ending disasters, about the all-too-real catastrophe of climate change, but more often about mysterious “existential risks,” or x-risks, including the extinction of humanity, from which only techno-billionaires, apparently, can save us”, escribe la historiadora.

Algunos datos biográficos del héroe de esta historia le sirven a Lepore para describir la nueva relación entre capitalismo contemporáneo y ciencia ficción. Por ejemplo, el movimiento tecnocrático que emergió en Norte América en los 1930 tuvo como líder al abuelo de Elon Musk, Joshua N. Haldeman, un ardiente anti-comunista. Al igual que hace el “capitalismo extraterrestre”, esos tecnócratas tomaban su inspiración de la ciencia ficción y estaban convencidos de que la ingeniería y la tecnología podían resolver todos los problemas; que fueran éstos políticos, sociales o económicos. Desconfiaban de la democracia, de los políticos, del capitalismo del intercambio y hasta de los nombres propios humanizados. La autora hace la anécdota de un tecnócrata que fue presentado en un rally como “1x1809x56.” y nos recuerda que el hijo menor de Elon Musk se llama X ÆA -12. No obstante, como nos muestra Lepore en su artículo, toda la ciencia ficción con la que se ha alimentado el imaginario tecnocrático del capitalismo contemporáneo es una crítica directa a lo que este representa:

At Amazon Studios, Mr. Bezos tried to make a TV adaptation of the Culture space opera series, by the Scottish writer Iain Banks (“a huge personal favorite”); Mr. Zuckerberg put a volume of it on a list of books he thinks everyone should read; and Mr. Musk once tweeted, “If you must know, I am a utopian anarchist of the kind best described by Iain Banks.”

But Banks was an avowed socialist. And, in an interview in 2010, three years before his death, he described the protagonists of theCulture series as “hippy commies with hyper-weapons and a deep distrust of both Marketolatry and Greedism.” He also expressed astonishment that anyone could read his books as promoting free-market libertarianism, asking, “Which bit of not having private property and the absence of money in the Culture novels have these people missed?”

De los viajes a Marte al metaverso, el nuevo “capitalismo extraterrestre” es uno en el que el precio de las acciones se alcanza menos a través de las ganancias por producción que a través de fantasías sacadas de la ciencia ficción. Esta manera en que Jill Lepore termina formulando lo que señaló como un giro en la historia del capitalismo es también lo que está puesto en la hipótesis del tecno-feudalismo cuando Yanis Varoufakis dice que son los balances de los bancos centrales, y no las ganancias, los que hoy alimentan el sistema económico o cuando Cédric Durand observa que, con las plataformas digitales, los capitales abandonan la producción para concentrarse en la depredación a través de la expoliación de los datos de los usuarios. Si a Lepore le hizo falta mucho talento de escritora y, sobre todo, mucha ironía para tratar el tema es porque todas estas transformaciones apuntan a un escenario para el cual apenas estamos construyendo el aparataje conceptual para pensarlo. Tal vez, la única diferencia entre el tecno-feudalismo y el capitalismo extraterrestre sea que el primero es la realidad de los que nos quedaremos en el planeta Tierra; y el segundo, la de los que tomarán las naves para partir de él cuando deje de ser habitable. Y es aquí que viene al punto el libro de Bruno Latour ¿Dónde aterrizar?Cómo orientarse en política (Taurus, 2021). Para Bruno Latour, cómo habitar la tierra es el mayor desafío político que tenemos; y éste está compuesto de tres grandes retos: la desregulación que ha terminado por otorgarle un sentido peyorativo a la palabra “globalización”, la explosión cada vez más vertiginosa de las desigualdades sociales y la negación sistemática de la mutación climática. La modernidad habría despegado el viaje de la civilización con la premisa errónea de que la cultura podía elevarse por encima de la naturaleza. En medio del vuelo, la situación se ha vuelto crítica y ahora urge aterrizar, pero ¿cómo hacerlo si la tierra parece haberse esfumado? La expresión mundo moderno habría devenido un oxímoron: o bien es moderno, pero no tiene un mundo a sus pies; o bien es un mundo, pero no será ya moderno.

Latour da cuenta en este libro de cómo la crisis migratoria se ha generalizado. Los pueblos que habían sufrido durante cuatro siglos el impacto del “Descubrimiento”, los imperios, la modernización, el desarrollo y, finalmente, la globalización, conocían perfectamente lo que quiere decir “verse privado de suelo”; e inclusive, “verse expulsado de su tierra”. La gran novedad para los pueblos modernizadores es que esta experiencia ahora les concierne: “… el Nuevo Régimen Climático barre desde hace tiempo todas las fronteras y nos expone a todos los vientos sin que podamos construir muros contra esos invasores”. Latour plantea que una política tiene que ser un plan de aterrizaje para el vuelo que fue el ideal de la modernidad y, de muchas maneras, esboza en este libro las consideraciones para el mismo. No obstante, por el momento, el avión sigue su viaje, sin instrumentos de vuelo ni carta de navegación. Es aquí donde yo instalo la hipótesis del tecno-feudalismo. Si la política es una carta de navegación, el tecno-feudalismo no tiene ninguna y, en ese vuelo políticamente desorientado se regresa sin cesar a lo ya sobrevolado. Para los que nos quedemos en la Tierra, un libro como el de Bruno Latour se revelará de gran ayuda para aterrizar el avión de la modernización y transitar de la tecnocracia actual a una tecno-política. Pero en el capitalismo extraterrestre que describe Jill Lepore, el vuelo es uno muy distinto. Este no se hace en avión y nunca tuvo la intención de aterrizar en la Tierra. Frente al Nuevo Régimen Climático que describe Latour, algunos ya construyen dónde aterrizar sin achicharrarse. Un escenario digno de Blade Runner: “Una nueva vida le espera en las colonias espaciales. Podrá volver a empezar en una tierra dorada llena de oportunidades y aventuras” (https://www.youtube.com/watch?v=P2jvf_6wap8).

Enlaces:

1) https://www.nytimes.com/2021/11/04/opinion/elon-musk-capitalism.html

2) Bruno Latour, ¿Dónde aterrizar? Cómo orientarse en política (Taurus, 2021)

3) Video: Blade Runner Blimp

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