Tecnofeudalismo

Universidad de Puerto Rico, Recinto de Arecibo

En este libro, el economista y profesor de la Universidad Sorbonne Paris-Nord, Cédric Durand desarrolla la hipótesis de una regresión involutiva del capitalismo contemporáneo cuyo modelo estaría más cerca de la Edad Media que de cualquier otra referencia moderna o posmoderna : el feudalismo. Los soportes digitales que prometían modos de vida más elaborados y civilizados nos habrían conducido de regreso a ciertas formas arcaicas que creíamos superadas por la modernidad. Esta reaparición en las sociedades contemporáneas de un metabolismo social de tipo medieval tendría sus raíces en las paradojas que se fueron suscitando a partir de los años 2000 con lo que el economista del MIT Michael Piore llamó el consenso de Silicon Valley. Si la hipótesis del tecnofeudalismo puede, en un primer momento, parecer descabellada – pues nada más que una ojeada rápida a la prensa para ver que los viajes espaciales no dejan de hacer noticia; o a Netflix para constatar la fuerte presencia de series y películas que tratan de misiones espaciales y proyectos de vida o de búsqueda de soluciones fuera del planeta – los planteamientos de Durand en este libro nos van mostrando que el escenario aquí en la Tierra se lee mejor a la luz del feudalismo que a la luz de cualquiera de estos otros imaginarios futuristas inspirados en la ciencia-ficción. A grandes rasgos, podemos destacar: 1) un retorno de los monopolios que hoy lleva por siglas GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft) y que convierte a esas plataformas en especies de feudos donde se perfilan versiones hi-tech y muy sofisticadas de la antigua relación entre señores feudales y vasallos;  2) una nueva economía de la renta basada en los intangibles con el ciberespacio como nuevo territorio para la expoliación, no solo la que podemos anticipar con el metaverso de Zuckerberg, sino la que ya está en marcha con la captura de la potencia social a través de la extracción de nuestros datos, es decir, de nuestra vida – en la forma de preocupaciones (búsquedas temáticas por internet), decisiones (consumo, suscripciones, afiliaciones), preferencias, elecciones, afinidades, redes de amigos, etc.; 3) una nueva gubernamentalidad basada en los algoritmos con la vigilancia como dispositivo de control y; 4) la primacía de los mecanismos de la depredación por sobre la producción. Suficientes elementos que ponen en entredicho las leyes ordinarias del capitalismo y que exigen, para su análisis, un nuevo aparato conceptual.

Durand comienza haciendo la genealogía del consenso de Silicon Valley e identificando cinco paradojas del nuevo capitalismo que rompen con sus promesas. El consenso keynesiano posterior a la Segunda Guerra Mundial había puesto el acento en el rol de la política presupuestaria con el objetivo de alcanzar el pleno empleo. A finales del siglo XX, el consenso de Washington concluye que la planificación ha fracasado y que lo que hace falta es asegurar el funcionamiento de los mercados liberándolos mediante desregulación, privatización y austeridad. El consenso de Silicon Valley, por su parte, se comienza a elaborar en los años 1990 y se cristaliza en los años 2000 cuando el neoliberalismo se encuentra en dificultad. Concluye que los mercados no funcionan espontáneamente y que la solución está en incentivar la innovación y apoyar a los emprendedores. Este énfasis en la innovación y el emprendimiento adoptará el modelo de la start-up. Para mostrar los imaginarios que este modelo moviliza, Durand evoca el tuit enviado en inglés el 17 de junio de 2017 por el presidente francés recién electo, Emmanuel Macron: « I want France to be a start-up nation. A nation that thinks and moves like a start-up”. Más allá del oxímoron que esto representa si tomamos en cuenta que el destino de una start-up es fracasar a razón de 9/10; que su principio reside en la afirmación « lanzar una empresa innovadora implica aceptar una tasa de fracaso elevada a cambio de un retorno sobre la inversión potencialmente gigantesco », esta nueva representación del arte de gobernar da cuenta de un vaciamiento de la política en la economía que no advierte sus consecuencias. Durand muestra cómo emerge, en un pequeño rincón de California, la idea de que la innovación, en especial la innovación numérica, constituye el motor principal de la creación de empleos y empresas y, por lo tanto, de ganancias de productividad, y cómo esa idea logró generalizarse al punto de devenir la doctrina adoptada por las grandes instancias del comercio mundial y la línea directriz de las políticas económicas a través del mundo.

La primera paradoja con la que se topa este modelo es que, si bien en un principio las start-ups prometían redinamizar las estructuras económicas, en el trayecto, las que no desaparecen tienden a devenir empresas monopolísticas, frenando así esa redinamización. La segunda paradoja opera sobre la promesa de unos ambientes de trabajo favorables a la autonomía y la libertad creativa. Por ejemplo, la sede de Google, con sus sesiones de yoga, sus restaurantes gratuitos y sus gimnasios abiertos 24 horas al día, pone en escena el mundo inocente y abierto que la empresa promete contribuir a crear. Aspectos tales como que el compromiso salarial no esté mediado por el simple deseo de adquirir bienes, sino que el trabajo sea el vehículo de la realización personal; que mediante una organización flexible del trabajo éste no se encuentre reñido con la diversión; y que tanto los ambientes relajados como la diversión constituyan las condiciones de posibilidad de la innovación, son algunas de las promesas del nuevo espíritu del capitalismo. No obstante, en los almacenes de Amazon, en los centros de llamadas o en las cajas registradoras de los supermercados, las tecnologías de la información funcionan con más frecuencia al servicio de la caza de tiempos muertos, introduciendo nuevas obligaciones y proveyendo los instrumentos para una vigilancia creciente que logra filtrarse hasta en la esfera privada de la vida. De modo que lo que terminan poniendo en marcha estas compañías desemboca en técnicas de control que engendran una degradación de la calidad de trabajo de sus empleados. Las tecnologías de la información y la comunicación han provocado además el aumento de las competencias, así como una complejización de las tareas. Por ahí también se truncan sus promesas de emancipación, ya que este aumento en el nivel de exigencia y de control sobre el proceso de trabajo genera nuevas formas de estrés e insatisfacción.

La tercera paradoja trata de los intangibles, en especial, la información y el conocimiento. Durand subraya dos aspectos que caracterizan la dinámica de innovación de Silicon Valley : una cultura de apertura y movilidad que descansa en el individualismo y en donde la libre circulación de los individuos es lo que favorece la difusión rápida de los saberes ; y una dimensión estrictamente geográfica en la que la dinámica de fertilización cruzada propia de la circulación del conocimiento se torna en una de segregación e impide que el modelo de Silicon Valley sea generalizable. Más que a las condiciones de producción, el éxito de la dinámica de innovación de Silicon Valley se le atribuye a las condiciones de circulación, difusión e incorporación de conocimientos, ideas y tecnologías, y a la facilidad y rapidez de sus transferencias de una empresa a otra y de un dominio a otro. Todo esto en relación estrecha con una fuerte movilidad de empleados altamente calificados. No obstante, esta flexibilidad que se revela favorable para los empleados altamente calificados, es sinónimo de precariedad para la gran mayoría. La dinámica de la innovación, si bien requiere de apertura, difusión y circulación, exige la interacción y la proximidad entre los responsables de iniciativas creativas, los cuales tienen interés en reunirse para disfrutar de intercambios informales y así mejorar su productividad y sus ingresos. De acuerdo con Durand, esto provoca una verdadera dinámica de segregación. La innovación tiende a concentrarse en las grandes zonas urbanas produciendo una polarización espacial y profundizando las fracturas sociales, inclusive al interior de las zonas urbanas. Durand concluye que la imagen de apertura y de libre circulación que el modelo de Silicon Valley desea promover se golpea con una realidad de desigualdades sociales crecientes. Con el objetivo de incentivar la circulación y la flexibilidad de los factores de producción, de favorecer la toma de riesgo privado y de atraer a los inversionistas, las autoridades reducen los impuestos sobre las ganancias, se muestran indulgentes con la evasión fiscal y endurecen los derechos de propiedad intelectual. Esta política que apuesta al mito de Silicon Valley debilita las finanzas públicas a favor de los grandes patrimonios.

La cuarta paradoja que identifica Durand es la paradoja schumpeteriana. La teoría económica del crecimiento que subyace, sobre el plano académico, al consenso de Silicon Valley retomó las tesis de Joseph Schumpeter sobre la destrucción creativa y la integró a sus modelos. Su credo sostiene que las innovaciones producen crecimiento difundiendo nuevas tecnologías y eliminando métodos obsoletos. Si bien es cierto que el desarrollo de nuevas tecnologías de la información y la comunicación ha dado lugar a una abundancia de innovaciones y a una mutación cualitativa multiforme de las modalidades de producción, consumo e intercambio, también es cierto que asistimos a una disminución del crecimiento y la productividad, un aumento del peso muerto en la esfera financiera, una persistencia del subempleo, así como – más preocupante aún – una degradación acelerada de las condiciones ecológicas.

Por último, Durand aborda la paradoja europea. El autor muestra cómo las estrategias de entrada a la era digital del Viejo Mundo justo en el momento de consolidar el proyecto de la Unión Europea terminan produciendo un desfase entre, por un lado, una sofisticación institucional respecto a la gestión macroeconómica, la regulación de la competencia y la política monetaria que hacen de la Unión Europea la punta de lanza del neoliberalismo ; y, por otro lado, un relativo fracaso económico que se refleja, no sólo en un sub-rendimiento crónico en términos de crecimiento y de empleo, sino también, en la ausencia de capitales europeos en el pelotón a la cabeza de las compañías claves de las tecnologías de la información. Hacia el final de los años 1990, el boom de la nueva economía estadounidense fue resentida en Europa en donde, a pesar del logro de un mercado único y del lanzamiento de la moneda única, las élites constataban que la economía europea, especializada en las actividades de la segunda industrialización, se distanciaba de la frontera tecnológica en la misma medida en que los Estados Unidos la rebasan. Las estrategias económicas para entrar en la era digital cometerán el error de tomar al pie de la letra la ideología californiana de la flexibilidad, la libre circulación y la confianza en los mercados cuando, en realidad, la historia de Silicon Valley, así como, en general, del desarrollo tecnológico en los Estados Unidos, ha dependido absolutamente de la intervención del Estado (especialmente, vía los complejos industrial-militar y aeroespacial). Durand cita el trabajo de Mariana Mazzucato, The Entrepreneurial State. Debunking Public vs. Private Sector Myths (Anthem Press, New York, 2013) en el que se desmitifica el rol del empresario en las trayectorias tecnológicas mostrando, entre otros casos, que el éxito de Apple reposa en gran medida sobre el gasto público.

Todo este recorrido le permite a Durand concluir que, lejos de la promesa de una prosperidad compartida, la disrupción económica provocada por la digitalización del mundo no llevó a un rejuvenecimiento del capitalismo. Por el contrario, engendró una refeudalización de la esfera pública. Durand explica cómo el ciberespacio ha sido tratado como un nuevo territorio a explotar. Una lógica extractivista, similar a la aplicada en la tierra por las compañías mineras y petroleras, fue puesta al servicio de capturar los datos de los usuarios. Esto abre las puertas para una nueva gubernamentalidad basada en los algoritmos. Hoy, no se trata tanto de predecir los comportamientos, sino de pilotearlos, influenciarlos, decantarlos en una dirección u otra. Durand no vacila en ver en esto un nuevo régimen de dominación, la dominación digital, ya que la captura de los datos de los individuos está organizada por firmas que persiguen sus propios fines, al tiempo que la dependencia de los sujetos a la gleba digital para existir y operar en el orden social se ha vuelto irreversible. Se trata de una nueva economía de la renta que no solo expolia las producciones sociales sobre el plano del conocimiento, sino también, sobre el plano de la vida de todos los días.

La hipótesis del tecnofeudalismo reconoce que las leyes ordinarias del capitalismo han quedado trastocadas y se permite retomar el aparato conceptual de una realidad medieval para avanzar en la dirección de explicar una situación contemporánea. Pensar a los gigantes tecnológicos (GAFAM) como los nuevos señores de estos feudos digitales que se disputan el control sobre las fuentes de datos aporta nuevas pistas para dar cuenta del nuevo orden económico en el que los capitales abandonan la producción para concentrarse en la depredación.

Referencia

Tecnofeudalismo (Cédric Durand, Techno-féodalisme. Critique de l’économie numérique. Éditions La Découverte, Paris, 2020)

%d bloggers like this: