La voluntad de castigar es una voluntad de poder

Departamento de Sociología y Antropología

Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras

Este ensayo de Medrano Ezquerro en torno a la lectura de Nietzsche sobre el castigo ilustra que la voluntad de castigar es una voluntad de poder. Para éste, siguiendo la obra de Nietzsche, el castigo descansa en el entendido de que existe la libertad de la voluntad (el sujeto del libre albedrío) por lo que el castigo recaería sobre el entendido de que la voluntad “sabe lo que hace” y las consecuencias de lo que hace. Es decir, el castigo descansa en el entendido de que existe el ser como fundamento. Sin embargo, para Nietszche, no hay “ser” previo al hacer (there is no being behind doing) por lo que la labor de deconstrucción de la lógica del castigo tendría que pasar por lo que Savater nombra la descupabilización de la voluntad:

La plena irresponsabilidad del hombre respecto a sus actos y a su ser es la píldora más amarga que tiene que tragar quien persigue el conocimiento cuando se ha habituado a ver en la responsabilidad y el deber el título de nobleza de su humanidad […]

Para Nietzsche la noción de libre voluntad fue un invento de las clases dominantes, “es el señor quien determina ‘lo bueno’: “fueron los buenos mismos, es decir, los nobles, los poderosos, los hombres de posición superior y elevados sentimientos quienes se sintieron y se valoraron a sí mismos y a su obrar como buenos, o sea como algo de primer rango, en contraposición a todo lo bajo, abyecto, vulgar y plebeyo” Por eso, para éste el nacimiento del derecho y del castigo está vinculado al nacimiento mismo de la moral. Igualmente está vinculado al placer de la crueldad como una de las antiguas alegrías festivas de la humanidad.

En sociedades premodernas, impera el castigo en tanto imposición de dolor, la moralidad de las costumbres como ley inexorable y la supremacía absoluta del grupo sobre la persona, de tal forma que la sociedad como entidad se fortalece castigando, en los actos de crueldad. En este sentido, el castigo se inicia con la explosión de cólera de la comunidad. Paradojalmente, ya en la modernidad, este trámite del castigo, tan presente en nuestra contemporaneidad, tendría que haber sido abandonado por una administración de la justicia mas fría centrada en el principio de los equivalentes (la equivalencia entre perjuicio y cuota de dolor) y ejecutada por el Estado. Para Nietzsche, las sociedades se van suavizando cuando se entiende que las infracciones no constituyen una amenaza tan grande para ésta. Y sin embargo, esa voluntad de infringir dolor bajo el error de la libre voluntad (del sujeto responsable de sus actos) y ese despliegue de crueldad festiva sigue vivida y coleando, dentro del Estado y fuera del Estado también. Es a este reconocimiento a lo que responden las corrientes abolicionistas. ¿Quien se arroga el poder de castigar y desde qué posición?

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