
UPR en Arecibo
4 de abril de 2026
Esta noticia sobre la campaña mediática y política llevada a cabo por el grupo de espionaje ruso La Compañía, se suma a otras que he venido rastreando en mi investigación en torno al poder de influencia y su rol en el avance de la posverdad en beneficio de las autocracias. En este caso, se trata de más de 250 artículos de noticias, análisis y opinión, publicados en una veintena de medios entre junio y octubre del 2024, con el objetivo de desacreditar al presidente argentino Javier Milei durante el periodo en el que su política exterior era cónsona con la defensa de Ucrania.
Además del modus operandi, resulta interesante que ahora que Milei –desentendido de Ucrania desde su alineamiento con Trump – se encuentra en una situación vulnerable frente a la opinión pública por los casos de corrupción que han salido a la luz, la misma campaña de influencia destinada a perjudicarle al principio de su presidencia le sirve ahora para promover la desconfianza hacia el periodismo investigativo. Como había escrito en una entrada previa (https://observatoriomovil.com/2023/02/23/mercenarios-de-la-informacion/), las actividades de estos mercenarios de la información, como la clonación de webs de reputados periódicos y revistas académicas para subir contenido manipulado, no solo agrava la desconfianza generalizada y el escepticismo radical que hoy afecta el ejercicio de la responsabilidad política, sino que, además, desalienta la verificación de las informaciones entre quienes genuinamente desean participar de la vida pública. En el caso de la campaña de descrédito contra Milei, lo que revela la investigación en torno a un informe de inteligencia ruso filtrado por el medio sudafricano The Continent, es un operativo en el que, además de recopilar inteligencia local, se reclutaron personas para la redacción de artículos que luego fueron publicados con la firma de periodistas cuyas identidades eran incomprobables. Los artículos, pagados entre 350 y 3,100 dólares cada uno, consistían de una mezcla de noticias verdaderas y noticias falsas que, cuando no iban dirigidas a criticar y descalificar a Milei, buscaban crear tensión con países vecinos, apoyar la oposición o generar divisiones en el oficialismo.
El poder de influencia no solo se anuncia preocupantemente decisivo en el contexto electoral. También, en tanto arma de la guerra híbrida, constituye un tipo de ataque difícil de prevenir por su carácter diseminado. Finalmente, contribuye a la destrucción de la realidad mediante el recrudecimiento de la posverdad. Para colocar esta noticia en el marco de mi investigación, diría que hay que seguir estudiando el fenómeno de la posverdad desde al menos cuatro ángulos: 1) las mutaciones en nuestro modo de ser-en-el-lenguaje que ya venían expresándose desde la segunda década del milenio, 2) la instrumentalización que de ello hacen los gobiernos autoritarios para obstaculizar el ejercicio de la democracia (mediante la destrucción de las condiciones de posibilidad del pensamiento y la acción coordinada), 3) su rol en la guerra híbrida y 4) su elemento sociotécnico. En relación a este último, debemos velar por que el carácter tecnológico de lo humano no quede ignorado. De lo contrario, el estudio de las tecnologías digitales, al abarcar su manipulación así como sus derivas perniciosas, corre el riesgo de demonizar el plano de la técnica en el que, junto con el plano del lenguaje, devenimos humanos.

