Westsplaining: las tres fuentes de la incomprensión de la lucha de los ucranianos contra la dominación rusa

Leo a gente que antes leía con interés y hoy cada vez menos. Los que mencionan ese drama de nuestro tiempo donde se juega gran parte del destino del mundo, son minoritaria excepción. En la mayoría de los que se pronuncian por la democracia, con relación a la tragedia ucraniana observo un silencio aterrador: una “indolencia que duele”. Incluso, no han faltado algunos que indirecta o directamente toman partido a favor del agresor. Entre ellos están por cierto los que padecen de ese cretinismo tan latinoamericano llamado anti-yanquismo (incluyo en ese grupo al papa Francisco). Para esa especie, EE UU no es una potencia que ha cometido grandes errores y grandes aciertos, sino la representación del mal sobre la tierra. Por el otro lado, no faltan los que se sienten agredidos por las luchas culturales de nuestro tiempo, sobre todo las sexuales que tienen lugar en los países occidentales, en su jerga, decadentes. No lo dicen, pero al igual que los antiguos derechistas otean a gobernantes como Putin y Xi como garantes del orden sexual y familiar puesto en cuestión por los movimientos identitarios. También hay que agregar a los analistas que se las dan de cientistas sociales objetivos, a los que no pronuncian jamás la palabra invasión, a los que proponen ceder parte de Ucrania a Rusia sin consultar a los ucranianos, a los que intentan disimular su adhesión putinista aduciendo que “el problema es muy complejo” para terminar con la vil coartada de “la neutralidad de valores” y otras hipocresías. Por último, no faltan tampoco los que piensan de acuerdo a los cánones de la inteligencia artificial. Para ellos, comunista o no, Xi, corresponde con la imagen del empresario exitoso de la era global. Son los mismos que ven a las naciones como grandes empresas y a los gobernantes como gerentes exitosos. (“Maduro y el nuevo orden político mundial”, junio 17 de 2023).

¿Quiénes eran y por qué los llamados “pueblos sin historia”? Ya hemos señalado que para Marx y Engels no todas las nacionalidades poseen las condiciones objetivas necesarias para convertirse en estado-naciones modernos y que por lo tanto no creen en el principio abstracto de autodeterminación de las naciones. En este sentido los llamados “pueblos sin historia” son reflexionados dentro de la suma de sus carencias; es decir, a base de sus limitaciones poblacionales, geográficas, sociales, económicas, culturales y, sobre todo, al contexto y al carácter de sus luchas nacionales.

Engels utilizaba el concepto de “pueblos sin historia” para referir a las nacionalidades eslavas (con excepción de Polonia) incluidas dentro del imperio austriaco. Se trataba de nacionalidades históricamente sometidas a la dominación económica, política y cultural de otras naciones más vigorosas (alemanes, húngaros, polacos y austriacos). Rezagados bajo formas sociales precapitalistas (sobre todo serviles y campesinas) y dominados históricamente por otras nacionalidades, las nacionalidades eslavas se mostraban sin vigor para constituirse en sujetos históricos.

Fuera de los polacos, los rusos y, a lo sumo de los eslavos de Turquía (serbios) ningún pueblo eslavo tiene futuro por la sencilla razón que a todos los restantes eslavos les faltan las primeras condiciones históricas, geográficas, políticas e industriales de la autonomía y la viabilidad.

Pueblos que jamás tuvieron una historia propia; que desde el instante en que ascienden los primeros y más toscos grados de la civilización ya se ponen bajo la férula extranjera o que sólo son compelidos a acceder a los primeros grados de civilización por obra de un yugo extranjero, no tienen ninguna viabilidad y jamás podrán llegar a autonomía alguna.

Y este fue el sino de los austroeslavos … (checos, eslovacos, moravos y eslavos meridionales) jamás tuvieron historia.” (“El paneslavismo democrático”)

… no deja de impresionar el desprecio y los métodos que ambos (Marx y Engels) consideraban pertinentes para solucionar la cuestión de las nacionalidades bajo el imperio austriaco. A estos “eslavos fanatizados”, “tribus separadas entre sí en todas partes, impotentes, despojadas de su fuerza nacional”, a estas “naciones taurocéfalas” que servían a la contrarrevolución sólo les quedaba como alternativa “hundirse en la tormenta revolucionaria mundial”, el “exterminio o la nacionalización”. Engels llega a recomendar una empresa de venganza histórica para hacer desaparecer los pueblos reaccionarios enteros. Más allá del carácter polémico de los escritos, son los sueños de la Razón los que claman por lo Absoluto. Los intereses de la revolución socialista mundial legitimaban esta sentencia histórica.

That was also my response to Russian literature. It scared me. Even today I’m still horrified by certain stories by Gogol and by everything Saltykov-Shchedrin wrote. I would have preferred not to have known their world, not to have known it even existed. Brandys’s remarks on Gogol do not, of course, deny the value of his work as art; rather they express the horror of the world his art evokes. It is a world that —provided we are removed from it — fascinates and attracts us; the moment it closes around us, though, it reveals its terrifying foreignness. I don’t know if it is worse than ours, but I do know it is different: Russia knows another (greater) dimension of disaster, another image of space (a space so immense entire nations are swallowed up in it), another sense of time (slow and patient), another way of laughing, living, and dying.

La nacionalidad ucraniana contemporánea se construye sobre una base cívica. En la independencia, todos los residentes del país pudieron convertirse en ciudadanos. Entonces, no hablamos del “pueblo ucraniano”, sino del pueblo de Ucrania. Fue una membresía inclusiva que se enriqueció gradualmente con contenido etnocultural ucraniano basado en el folclore, la literatura y la historiografía nacional. Y también sobre el idioma ucraniano que se ha extendido a comunidades donde no era el idioma nativo. Este desarrollo ha llevado a la desaparición gradual de una definición étnica y a la noción de “ucraniano” simplemente designando a los ciudadanos de Ucrania. En el mismo movimiento, el término “ruso” dejó de ser una categoría de identificación en Ucrania y ya no designaba únicamente a los ciudadanos de la Federación Rusa.

Documentos incluidos:

Timothy Snyder, “Why the world needs Ukrainian victory. Fifteen reasons”, January 23, 2023 (PDF).

Jan Smolenski y Jan Dutkiewicz, “The American Pundits Who Can’t Resist ‘Westsplaining’ Ukraine”, The New Republic, March 4, 2022.

Milan Kundera, “A Kidnapped West: The Tragedy of Central Europe”, New York Review of Books, Volume 31, Number 7 · April 26, 1984 (PDF).

Paul Berman, “Le plus grand conflit en Europe depuis la seconde guerre mondiale se révèle être une guerre kundérienne”, Le Monde, 19 juillet 2023 (PDF).

Volodymyr Kulyk, “La guerre est en train de diviser Ukrainiens et Russes pour toujours”, Le Monde, 18 mars 2022 (PDF).