
Departamento de Ciencias Sociales
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Bayamón
10 de julio de 2023
La investigación de El Nuevo Día y el Centro de Periodismo Investigativo sobre la vivienda para las personas adultas mayores LGBTQIA+ evidencia ideas comunes que esconden el prejuicio. Vemos esto en las declaraciones de la funcionaria del Departamento de la Familia entrevistada por este medio, cuando afirma que no es necesario saber si hay personas LGBTQIA+ en los centros de cuidado prolongado.
“Se trata al adulto mayor enmarcado dentro de todas sus necesidades. Entonces no hace diferencia en que el adulto mayor tenga una orientación sexual específica o no. Todos somos iguales, no veo la necesidad de establecer o recoger esa data para efectos del servicio de cuidado”, afirmó la funcionaria. Contrario a lo que señala, no es suficiente afirmar que debemos “tratar a todos por igual” o “reconocer y respetar sus derechos” ya que esto presume que no existe diversidad de identidad de género u orientación sexual entre la población envejeciente. Eso es precisamente la raíz del discrimen.
No es posible reconocer y respetar los derechos de las personas ni tratarles por igual si no se reconoce su existencia. Invisibilizar la diversidad es ignorar el prejuicio y el rechazo a las sexualidades e identidades que no siguen la normativa heterosexual. Una de las necesidades humanas más importantes es poder vincularnos emocional y sexualmente con otras personas y ser aceptadas. La sexualidad es importante también para las personas adultas mayores. Nadie debe sentir vergüenza o culpa por su orientación sexual, identidad de género, expresión de género o diversidad corporal. Nadie debe tener que aceptar la agresión y burla producto de la desinformación, los mitos y los prejuicios.
El rechazo se expresa a través de chistes y burlas contra las personas no heterosexuales o aquellas cuya apariencia no se percibe conforme al binario masculino/femenino. Asumir que no tienen hijos o hijas y no aceptar la convivencia de parejas íntimas del mismo sexo en las égidas es otra forma
de exclusión. Se les hace invisibles al asumir que las identidades no binarias o trans son una moda de la gente joven, que son contrarias a los valores puertorriqueños o que son una “perversión” moral de la que no se debe hablar. Tener que esconder su sexualidad por miedo a no ser aceptada provoca depresión, ansiedad y aislamiento porque la vivienda no es solamente un refugio físico sino condición indispensable para el bienestar psicológico, social y cultural. El informe de la organización Waves Ahead revela la urgencia para personas LGBTQIA+ de una vivienda segura, libre de fobias exclusión y ostracismo. El 86% de los centros para el cuidado de adultos mayores encuestados por el Centro de Periodismo Investigativo y El Nuevo Día revelan
incumplimiento con las normas antidiscriminatorias federales y estatales y la ausencia de guías sobre el lenguaje inclusivo, y el trato digno. La orientación y las guías no solamente son necesarias para el personal que trabaja en las égidas, sino para promover la convivencia y aceptación de la diversidad de todas las personas que conviven allí.
Para lograr la igualdad y respetar los derechos de las personas LGBTQIA+ hay que reconocer su existencia y visibilizar las prácticas y las formas del discrimen. Los prejuicios se usan para justificar que se les trate como personas sin derechos y hacerles invisibles. Cuando exigen sus derechos, se les acusa de querer tener más derechos que otras personas o imponer su estilo de vida. Lo cierto es que sus derechos no son distintos ni especiales. Vivir con plenitud su orientación sexual, identidad de género, expresión de género, y vivir libre de prejuicios y violencias es derecho de todes.

