
Universidad de Puerto Rico en Río Piedras
2 de abril de 2026
Como en la práctica de la arqueología, los cuerpos de personas muertas a manos de otro, al ser examinados con rigor y sensibilidad, posibilitan una lectura de las heridas no solo como marcas corporales sino como inscripciones que deben ser interrogadas, a partir de trayectos de vida particulares.Estos cuerpos, se configuran como un espacio de indagación, de observación compleja, no desde la lógica punitivista, o lineal, sino desde una interrogación clínica y forense, que oriente nuestra reflexión en torno a qué expresan las acciones de quien dá muerte a otro, sobre todo en casos nombrados como overkill.
El artículo “Parricide and Overkill: A Review of the Literature and Case Report of a Murder with Capgras Delusion”, de Silvia Trotta, Gabriel Mandarelli, Davide Ferorelli y Biagio Solarino, aborda ofrece pistas investigativas importantes a la hora de analizar cuerpos objeto de niveles de violencia desproporcionados.
En particular, este artículo revisa la literatura sobre parricidio y presenta un caso asociado a delirio de Capgras, un tipo de identificación delirante errónea en el que el sujeto cree que una persona cercana ha sido reemplazada por un impostor. Quien padece este trastorno de Capgras, percibe, desde un episodio o un estado psicótico, el rostro familiar de quien agrede pero interpretado delirantemente como un otro sujeto amenazante.
El aporte más relevante de este artículo es su análisis del fenómeno conocido como overkill. Este significante utilizado en la medicina forense, describe homicidios en los que quien es objeto de daño, recibe un número de agresiones muy superior al necesario para causar la muerte. Este patrón puede incluir múltiples mecanismos letales tales como golpes, heridas punzantes o estrangulación y suele interpretarse como un indicador de una escalada extrema de violencia emocional (catarsis o explosión de trauma contenido) o psicótica. Más relevante aún, es la vinculación que proponen los autores del overkill como indicador tanto de trastornos psiquiátricos graves, trastornos esquizoafectivos, delirios persecutorios o de identificación pero también de un historial de abuso físico o sexual en la infancia, violencia familiar previa o conflictos intensos dentro del sistema familiar. El artículo constituye una invitación para que se interrogue qué mata el asesino. El overkill parece como una evidencia de que, quien asesina, más que matar un cuerpo con nombre y apellido, mata aquello que le perturba, aquello que le ha provocado una violencia contenida, desde un acto puntual de disociación en el que pierde su capacidad de raciocinio y mata lo que psíquicamente lo perturba.
A su vez, el artículo propone que el campo del derecho y el análisis forense requiere complejizarse a tono con estas reflexiones. Un crimen no puede leerse desde una mirada dicotomizante (victima/victimario) ni cerrarse al apuntar a un culpable. Proponen que no solo hay que analizar la posición del cuerpo y la localización de las heridas sino también la multiplicidad de mecanismos de agresión y exceso de agresión ya que éstos constituyen pistas alrededor del acto de matar que permiten discernir si dicho acto respondió a una conducta planificada o a una impulsividad, a una escalada de violencia emocional propia de un episodio psicótico con lógica delirante, exceso de pasaje al acto, en el que quien es causante del daño, permanente o temporalmente se encontraba fuera de la realidad.
Esta propuesta de lectura resulta indispensable previo a la imposición de penas, sobre todo en casos de personas sin historial delictivo que en un marco de disociación transitoria incurran en un acto homicida dirigido a aquello vivido como tormentoso.
Desde los autores, el overkill, podría interpretarse como una forma extrema de dar muerte a otro pero también podría dar cuenta de que el acto homicida parece metonímicamente (manifestar o vivir una cosa por otra) dejar rastro de lo intolerable en quien agrede y de lo que representó ese cuerpo en vida.
Solo a través de una ponderación compleja sobre el overkill (parricida o no,) análoga a la lógica arqueológica, podrían descifrarse estas inscripciones, no de modo lineal, sino complejo.

