
Universidad de Puerto Rico en Arecibo
14 de julio de 2024
Cuenta una leyenda campesina que una bruja amable le propone a un aldeano elegir entre entregarle dos vacas a él y una a su vecino, o quitarle una a él y dos a su vecino. El campesino no vacila en elegir la segunda opción. Debe haber calculado que lo importante no era ganar, sino que su vecino perdiera. Con esta fábula eslovena el psicoanalista Slavoj Zizek ilustra la clave del mecanismo envidia/resentimiento que no se limita a la lógica del juego de suma cero, donde uno gana exactamente lo que el otro pierde, sino que aspira a crear una distancia entre las dos partes. Una distancia que no es positiva (al estilo “todos podemos ganar sin que haya perdedores”), sino negativa: “si tengo que elegir entre mi ganancia o la pérdida de mi rival, prefiero la pérdida de mi rival, aunque ello implique que yo también pierda”. Cualquier parecido con personas u hechos reales puede que no sea, como en las películas, pura coincidencia. Vladímir Putin y su guerra contra Ucrania, así como, de forma más general, contra Occidente, ha devenido, triste y desoladoramente, una especie de laboratorio para el análisis psicopolítico. Pero en lugar de examinar esto con el putinismo, propongo que lo veamos en otro fenómeno no muy distante: el trumpismo, pues la perplejidad que suscita el negacionismo de la realidad, el conspiracionismo y la posverdad que suelen acompañarlo también se vería iluminada por esta lógica de la rivalidad descrita en el mecanismo de la envidia. Para esto, voy a revisar los planteamientos principales de dos autores en dos escritos independientes. El primero, de Timothy Snyder, “La política del dolor”, que data de unos días previo a las elecciones presidenciales del 2020; y el segundo, de Jacques Rancière, publicado unas semanas más tarde con el título “Locos y cuerdos. Reflexiones sobre el final de la presidencia de Donald Trump”.

