
7 de abril de 2026
Para la transformación de la UPR tiene que haber condiciones estables que garanticen la preservación de la excelencia académica y que sea cónsona con una institución pública de educación superior y de investigación, afirma Félix López (Ramon “Tonito” Zayas) Contrario a la imagen popular de que la Univesidad de Puerto Rico (UPR) “siempre está paralizada”, en un periodo de nueve años, del 2017 al 2026, el centro docente ha tenido solo una huelga estudiantil de impacto sistémico. Por el contrario, en ese mismo periodo de nueve años la Junta de Gobierno de la UPR ha nombrado nueve presidentes distintos, ya sea en propiedad o en interinatos.
Que estuvo en los primeros meses del año 2017, se sumaría a un total de 10 presidentes en el mismo periodo. En esos mismos años la UPR tuvo un periodo sin presidencia e incluso, de forma insólita, tuvo tres presidentes distintos en tan sólo siete días; del 27 de julio de 2021 al 2 de agosto de 2021. En ese sentido, podemos plantear que la Junta de Gobierno nombra, aproximadamente, un presidente diferente, cada año. De ahí que valga preguntarse: ¿qué organización puede sostenerse adecuadamente con un cambio constante en su equipo directivo? ¿Quién ha sido el gestor de inestabilidad en la UPR?
Cambiar un presidente en la UPR no es tan sólo sustituir una persona. Esto tiene un efecto cascada que conlleva cambios a nivel del equipo gerencial en administración central. Además, conlleva cambios en rectorías, ayudantes ejecutivos, planes de trabajo, decanatos de recintos y hasta decanatos de facultad y direcciones departamentales. Esa inestabilidad no solo se demuestra por
los cambios en Presidencia sino también nombrando presidencias que promueven la inestabilidad o que no cuentan con el aval de los Senados Académicos de los recintos y unidades del sistema. Así también, la misma Junta ha promovido políticas, en planes fiscales, que han desembocado en el recorte de una porción significativa del presupuesto de la UPR, así como otras medidas que van
desde el congelamiento, hace más de 10 años, de los salarios, la reducción de las plazas permanentes, la eliminación de sabáticas y la dependencia, cada vez mayor, de trabajadores por contratos, precarizados salarialmente y los cuales tienen limitaciones reglamentarias para realizar tareas de sostenibilidad de la misma Institución.
Esta gestión de la inestabilidad ha llevado a la UPR a un entrampamiento paradójico: se le pide que haga sin condiciones para el hacer. Por ejemplo, se le pide que se transforme o que genere sus propios ingresos sin el personal que pueda realizar cambios o generar más fondos. Los recortes presupuestarios tienen efectos también en la temporalidad laboral. El personal, escaso, tiene que
asumir tareas que otros dejaron, generando una saturación laboral que reduce el tiempo para generar actividades de innovación, transformación o renovación del conocimiento. No es que la UPR, como dicen algunos, no quiere transformarse. Es que para la transformación tiene que haber condiciones estables que garanticen la preservación de la excelencia académica y que sea cónsona con una institución pública de educación superior y de investigación. La producción de inestabilidad, sea diseñada o por improvisación, es una situación que ha sido nombrada por la científica política Isabell Lorey como el gobierno de la precariedad. Es decir, la precarización y la inestabilidad constantes no son resultados, sino que son técnicas de gubernamentalidad. En otras palabras, se crea la crisis para luego justificar acciones excepcionales.
Aún así, ese mismo personal de la UPR mantiene una excelencia académica superior a otras universidades, sostiene la producción intelectual y cultural del país en más de un 80%, su personal docente proviene de instituciones prestigiosas de todas partes del mundo, así también la UPR mantiene las mayores tasas de retención y de graduación de estudiantes de todo el sistema de
educación superior del país. Además, gracias a que la UPR tiene recintos de investigación, se convierte en la mayor productora de patentes en el ámbito universitario del país, entre otras cualidades. Ante la producción constante de inestabilidad, todo ello se logra, como me dice un colega, por “puro milagro” porque la las condiciones creadas no permiten llevar al máximo todas las capacidades.
De forma similar a la novela El Proceso, de F. Kafka, la UPR ha sido sometida a un proceso de continua generación de inestabilidad. Sin embargo, esa inestabilidad no es producida por sus empleados o sus estudiantes. Ha sido producida por entidades e ideas externas a una institución académica. El personal y estudiantes de la UPR sí son responsables de su excelencia académica. No sabemos bien cuál será el resultado o la sentencia de este proceso. Pero quizás, como le dice el sacerdote al protagonista de la novela kafkiana: “Interpretas mal los hechos… la sentencia no se pronuncia de una vez, el procedimiento se va convirtiendo lentamente en sentencia”.

